IZMIR

La historia de Izmir se remonta al 3.000 a.C., justo donde ahora está Bayrakli. Junto con Troya, Izmir tenía la cultura más avanzada de la Anatolia Occidental, en su época. Mil quinientos años después de su fundación, Izmir cayó bajo la influencia del Imperio Hitita de Anatolia Central.

Quinientos años después, Izmir era una de las más importantes ciudades de la Federación Jónica. Además del poder económico, Esmirna disfrutaba de una de las culturas más avanzadas de la época. Por aquel entonces, según los historiadores, vivió el gran poeta Homero en la ciudad. 

Esmirna fue conquistada por los lidios en el año 600 a.C. aproximadamente. Fue el comienzo de la decadencia que perviviría durante toda la ocupación lidia, Izmir perdió su poder económico y cultural convirtiéndose en poco más que un pueblo. Esta decadencia continuó durante la dominación persa. 

Con la conquista de Alejandro Magno en el siglo IV a.C., se construyó una nueva ciudad en las laderas del Monte Pagos (Kadifekale). Es el renacer de Izmir que, hasta el siglo I a.C., vivirá su segunda época dorada. Durante el siglo IV la ciudad pasa a manos del Imperio Bizantino hasta que fue conquistada en 1415 por el Sultán Mehmet Çelii, pasando a formar parte del Imperio Otomano. ‘La Hermosa Izmir’, así llaman los turcos a esta ciudad mientras que una sonrisa ilumina su cara. No es para menos, estamos ante una de las ciudades más bellas y más queridas del país. Aquí nació el gran poeta de la antigüedad, Homero cuando la ciudad llevaba todavía el nombre de Esmirna. 

Es la tercera ciudad más grande de Turquía y cuenta con el mayor puerto después de Istanbul del país. Ciudad alegre y cosmopolita durante todo el año, en el Festival Internacional de las Artes que se celebra entre los meses de junio y julio y la Feria Internacional de la Industria y el Comercio que tiene lugar en agosto y septiembre, Izmir estalla con las nuevas vibraciones de los visitantes que, cada año, acuden a tan grandes acontecimientos. 

Izmir, en la cabecera de un largo y estrecho, golfo surcado por barcos y yates. A la belleza de sus calles y el corazón de sus gentes se une la calidez del clima de invierno y la suave brisa de verano que regula el calor. 

Detrás de los paseos y avenidas de las palmeras que bordean la línea costera, la ciudad, en terrazas horizontales, trepa suavemente por las laderas de las montañas circundantes. 
A parte de los barrios judíos, como Asansör o Havra Sokak, los numerosos museos y monumentos de la ciudad, Izmir cuenta con varias mezquitas como Salepçioglu, construida en el siglo XX, Sadirvan, del siglo XVII y restaurada en el siglo XIX y Kemeralti del siglo XVII aunque la mayor mezquita es la de Hisar.

SITIOS DE INTERÉS

Kadifekale 
El Monte Pagos guarda las impresionantes ruinas de un castillo y sus murallas, construidos por Lisímaco durante el reinado de Alejandro Magno. Las ruinas todavía dominan Izmir. El castillo ofrece una situación privilegiada para disfrutar de la magnífica vista del Golfo de Izmir. 

Iglesia de San Policarpo 
Era una de las siete iglesias del Apocalipsis aunque fue completamente restaurada en el 1620. Hacia el año 155 S. Policarpio, a la edad de ochenta y seis años, fue martirizado por los romanos en Kadifekale. Según la leyenda las llamas envolvieron la pila de leña pero no al santo, que fue entonces apuntalado por el verdugo. 

Las Siete Iglesias del Apocalipsis, mencionadas por San Juan en el Libro de la Revelación, formaron cada una de ellas una comunidad aparte y distinta. Las otras seis iglesias también se encuentran en Turquía: Efes (Efeso), Bergama (Pérgamo), Akhisar (Thyatira), Sart (Sardis), Alasehir (Filadelfia) y Eskihisar (Laodicea). 

Mezquita de Hisar 
Dicen de ella que es la más bella y la mayor de la mezquita de la ciudad. Fue construida en el siglo XVI y restaurada en el siglo XIX. Posee un interior precioso con un interesante púlpito y una harnacina o minhrab que señala en dirección a la meca. 

Saat Kulesi 
La Torre del Reloj está situada en la Plaza Konak en el corazón de la ciudad. Construida en 1901, como regalo del Sultán Abdülhamid, está decorada en un detallado estilo otomano tardío. 

Asansör 
Muchas de las casas más antiguas de Izmir están en este barrio, uno de los barrios con más solera de la ciudad. En Asansör el acceso entre las calles superiores e inferiores se hace mediante un ascensor de 51 metros de altura, situado al final del Pasaje Darío Moreno. 
Es un Barrio Judío donde se pueden ver casas restauradas de la arquitectura tradicional. Una vez arriba, saliendo de la torre del ascensor, encontramos un restaurante desde el cual se puede contemplar una de las más bellas panorámicas de la Bahía de Izmir. 

Havra Sokak 
Situado en Kemeralti es uno de los barrios judíos más antiguos de la ciudad. Sus edificios y calles conservan su estilo original y todavía hay muchas sinagogas que se pueden visitar. Una de las calles principales de Alsancak (Punta) con casas tradicionales restauradas, una de las calles peatonales más animadas de Izmir. 

Alsancak 
Punta es uno de los barrios con más casas tradicionales turcas que han sido restauradas para convertirse en bares, cafés y restaurantes. Es una bella zona peatonal que se ha convertido en uno de los principales centros de ocio de la ciudad tanto para sus habitantes como para los visitantes. 

Agora 
Este mercado está situado en uno de los barrios principales de la ciudad, el Barrio de Namazgah. Fue construido bajo el domino de Alejandro Magno aunque los restos actuales datan de la reconstrucción realizada por Marco Aurelio, tras el devastador terremoto ocurrido en el año 178 d.C. 

Mercado de Kemeralti 
Las antigüedades, joyas, bisutería, trajes tradicionales, esencias, perfumes, es sólo una muestra de lo que se puede encontrar en este bello mercado. Es el lugar ideal para comprar los higos secos y pasas de Izmir que han hecho célebres a la ciudad. 
Aquí también está el mercado de comida donde se pueden encontrar los más sabrosos y frescos pescados, así como las especialidades locales como la ‘ rança’ y la ‘ çipura’ , dos tipos de brema marina. Además del Mercado, calles como el Paseo de Cordón en Karsiyaka o Cumhuriyet Caddesi, son ideales para ir de compras. 

Monumento a Atatürk 
Es el homenaje de la ciudad al fundador de la República de Turquía, una estatua que le presenta montado a caballo y señalando al caballo. Construido en 1933, el monumento conmemora la liberación de la ciudad por las fuerzas turcas. 

Uçan Yunuslar Aniti 
Los ‘Delfines Voladores’ es un nuevo monumento que simboliza la amistad y la hermandad. Se encuentra situado en el Parque de los Derechos Humanos. 

Acueductos de Sirinyer y Yesildere 
Son los dos acueductos que atraviesan el río Melez en la ciudad. Suministran agua Izmir en las épocas bizantina y otomana. 

Bayrakli 
En las excavaciones de esta zona se han encontrado un templo dedicado a Atenea y la muralla de una ciudad jónica que floreció allí entre los siglos IX y VII a.C., además de restos de cerámica del III milenio a.C.

ALREDEDORES

Balçova 
Es una de las mayores fuentes termales naturales del país. Con sus magníficas instalaciones, ofrece una de las mejores ofertas en balnearios de la zona. 

Çamalti 
A unos quince kilómetros al oeste de Karsiyaka se encuentra esta bella zona de marismas costeras y salinas, una reserva natural para las aves a la que se conoce por el nombre de Paraíso de las Aves de Izmir. Entre los miles de ejemplares que viven en esta zona, destacan los flamencos y pelícanos. 

Lago Karagöl 
Junto con el pinar adyacente, el Yamanlar Çamligi, es una de las zonas preferidas por los ciudadanos de Izmir para pasar alegres días de campo pues es el lugar ideal para las populares meriendas campestres. Dispone, además, de varios restaurantes y de una piscina. 

Kemalpasa 
En el Paso Karabel, a unos veinte kilómetros de Izmir está uno de los principales bajorrelieves hititas, tallados en la roca. 

Belkahve 
Dominando el golfo se encuentra Belkahve, el punto más alto sobre la ciudad de Izmir. Es el lugar ideal para disfrutar de una taza del excelente café turco mientras se descansa. Se sabe que la belleza y la tranquilidad de este lugar consiguieron que fuera uno de los sitios preferidos por Atatürk, de ahí el monumento que se encuentra aquí, recordando al héroe Turco. 

Birgi 
Es este pequeño pueblecito se encuentra uno de los mejores ejemplos de la casa tradicional turca, la Sakir Aga. 

Península de Çesme 
El nombre de ‘Çesme’ , que significa ‘fuente’ , viene de las muchas fuentes de agua que se descubrieron en la Península entre los siglos XVIII y XIX. Además de las fuentes naturales, esta es una de las más bellas zonas naturales de Turquía pues está rodeada de límpidas y azules aguas, con paisajes de campos cultivados de anís, sésamo y alcachofas, salpicados de higueras y gomeros. 

Las bahías ofrecen sus aguas para disfrutar con la natación y las suaves olas. Además, la costa está salpicada con complejos hoteleros de lujo, restaurantes e instalaciones deportivas. 

Para disfrutar de las bellas vistas de Çesme, nada mejor que acudir al Monte Manastir desde donde se ve la costa de Karaburun, la línea costera opuesta a Foça y la entrada al Golfo de Izmir. 

Entre las paradas que hay que hacer en Çesme, está la visita a la Fortaleza Genovesa. Construida en el siglo XIV y ampliada por los otomanos dos siglos después, domina el pequeño puerto de la península, a unos ochenta kilómetros de Izmir. 

La ciudad de Çesme es un popular centro vacacional, perfectamente acondicionado para el turismo, con excelentes posibilidades de alojamientos, buenos restaurantes y cafés. Cerca de la Fortaleza Genovesa está el Caravasar construido en el siglo XVI por Solimán el Magnífico. Hoy en día es uno de los mejores hoteles del país. Además, no se pueden olvidar los magníficos baños termales. 

La Emir Çaka es una de las principales galerías de arte de la ciudad. Está situada en la antigua Iglesia de Agios Haralambos, construida en el siglo XIX. Las calles de Çesme ofrecen todo tipo de tiendas donde se pueden adquirir alfombras de máxima calidad, artículos de piel, recuerdos y perfumes. 

Çesme es una de las ciudades más animadas a la llegada de la noche. Los restaurantes, cafés, bares y discotecas del paseo se animan al atardecer. Durante los meses estivales se celebra el Concurso Internacional de la Canción al que acuden cantantes internacionales. 

Otra de las posibilidades es alquilar un yate y explorar la línea costera de la península aunque no sea esta la única actividad marítima que se puede realizar en la península. El Windsurf o la vela son muy apreciados y pueden practicarse en el Puerto Deportivo de Altin Yunus. La Bahía de Sifne ofrece, cada julio, las Regatas Internacionales de Yates ‘Optimist Çakabey’. 

El Golfo Gerence es una bahía virgen situada en la parte nordeste de la península. Para llegar a ella se utiliza, normalmente, el coche o el yate. Es una de las zonas más tranquilas y relajadas aunque también ofrece la posibilidad de practicar un gran número de deportes acuáticos. 

En el Puerto Deportivo de Sigacik no sólo cabe la posibilidad de disfrutar del mar al máximo, sino que se puede visitar una de las antiguas fortalezas genovesas. Desde aquí es muy fácil acceder al Templo de Dionisos, situado en el antiguo emplazamiento de Teos. Cerca de Ahmetbeyli (Claros) están el Templo de Apolo y los restos de su colosal estatua. 
Otras paradas obligatorias en la península son Dalyan, muy conocida por sus excelentes restaurantes de pescado, Çiftlik, con una de las playas más bonitas de la zona, Pirlanta Plaj. Muy cerca está otra excelente playa, Altinkum Plaj, es decir, ‘ Playa Dorada’ . Alaçati es una de las más pintorescas ciudades egeas. Situada al sur de Ilica, sus playas ofrecen uno de los más agradables refugios del Mar Egeo. La antigua Clazomenae, es hoy Urla Iskelesi, donde se encuentra uno de los mejores puertos deportivos. En la colina Güvendik se disfruta de maravillosas vistas sobre la bahía y las islas mientras que se come en uno de sus excelentes restaurantes. Çesmealti es un encantador pueblo de pescadores donde se disfruta de una extraordinaria variedad de pescados. 

Ildiri 
Este pequeño pueblecito se encuentra situado a unos veinte kilómetros al nordeste de Çesme. La antigua Eritrea está situada en una de las más bellas bahías de la península, con unas increíbles vistas al atardecer, cuando el sol se hunde sobre la bahía y las islas. 

Kusadasi 
Kusadasi o la Isla de los Pájaros, es un puerto encantador construido en las orillas de una brillante bahía. la ciudad, dispuesta en bancales, domina la más hermosa bahía del Egeo, la cual parece haber sido creada exclusivamente para disfrute de los veraneantes. Un puerto deportivo, grande y moderno, facilita la vida a los visitantes que llegan barco.

Éfeso
Éfeso, está a 3 km de Selçuk, que es una de las ciudades antiguas mejor conservadas de la cuenca mediterránea. Las casas adosadas están dentro de las ruinas de Éfeso. No se puede dejar de visitar el templo de Artemisa y el museo de Selçuk para completar la visita de las ruinas de Éfeso.

Poco antes de llegar a Éfeso, se puede ver las señales de la Gruta de los Siete Durmientes. Eso es una leyenda cristiana sobre los siete jóvenes que durmieron 200 años escapando de la persecución romana.

Pasando por la puerta superior de Éfeso, la carretera sigue unos 9 km hacia La casa de la Virgen María, que se encuentra a unos 400 m. de altura, en la montaña Bülbül. Jesucristo crucificado encomendó su madre a San Juan, y él se la llevó a Éfeso, y allí ella vivió los últimos años de su vida, retirada del mundo. La casa fue descubierta a finales del siglo XIX en la montaña Pión. En el año 1967 estuvo como peregrino el Papa Pablo VI. Más tarde el Papa Juan Pablo II y Benedicto XVI visitaron el lugar.

En el pueblo Selçuk se puede ver los restos de La Basílica de San Juan, justo al lado de la ciudadela que domina el panorama del pueblo. La basílica es un museo y también fue visitada por los Papas. La mezquita de Isa Bey es de la época selyúcida. Dando una vuelta en Selçuk se puede conocer más obras selyúcidas y bizantinas. Incluso un acueducto romano.

Priene, Mileto y Dídima: La vista panorámica de Priene y las calles, el teatro y el peso histórico de Mileto, se convierte en estas ciudades antiguas en las visitas imprescindibles. Dídima tiene un maravillo templo de Apolo, bien conservado y la playa de Altinkum, que es una de las más hermosas de la costa egea. Estos tres lugares que están en la área del río Meandro se puede visitar en un día saliendo muy temprano desde Selçuk o Kusadasi. Entre Selçuk y Priene hay 60 km, entre Priene-Mileto y Mileto-Dídima se encuentran 20 km de distancia.

MYKONOS

Mykonos, destaca por la belleza y magia de sus callejuelas estrechas y laberínticas, casas pintorescas encaladas, las flores que adornan sus balcones, sus arcos y multicolores flores.


Visiten la iglesia de la Santísima Virgen Paraportiani que, según la tradición, es la más importante de las 400 iglesias y ermitas dispersas en toda la pequeña isla.


El barrio de Castro está situado en la zona alta, donde los venecianos construyeron un castillo del que apenas quedan restos. En la parte baja encontrarán la llamada pequeña Venecia de Mykonos. Es la zona más pintoresca del pueblo, con sus casas construidas asomadas sobre el mar, con preciosos balcones de madera. Estas casas se han convertido en las más curiosos bares de copas de la isla. En una plaza cercana se encuentra la catedral y una antiquísima iglesia católica.



Muy cercanos a estas, sobre una gran plaza mirador, se encuentran los famosos molinos de viento, que junto al Pelícano Petros son los símbolos de esta isla. Al Pelícano lo encontrarán con absoluta seguridad durante sus paseos, ya que circula por el pueblo libremente como Petros por su casa. Desde su pintoresco puerto tradicional, parten continuamente barquitas que llevan a todos los rincones de la costa de la isla, así como de excursiones de un día a las vecinas islas y a Delos. El pueblo tiene un pequeño museo arqueológico, otro folklórico y el museo naval.


Al sur de la isla, en Lino, se conservan las ruinas de Portes. En Platis Yalos, pequeña población a pocos kms. de la capital, encontrarán un pequeño puerto del que salen muchas barquitas a todas las playas, las conocidas y las menos. En la zona de Ano Mera está el monasterio de la Panagia Turliani. En Paleocastro restos de una antigua fortificación.


SANTORINI


Santorini es, en esencia, lo que queda de una enorme explosión volcánica que destruyó los primeros asentamientos existentes, haciendo desaparecer gran parte del territorio de la antigua isla y provocando la creación de la caldera geológica actual. Su espectacular belleza, junto con una animada vida nocturna, la han convertido en uno de los principales destinos turísticos de Europa. Sus construcciones tienen un aspecto oriental, con casas blancas y marcos de ventanas y puertas en azul, como se pueden encontrar en las costas de Marruecos o Túnez. Por otra parte, también se han formulado reproches contra el carácter desordenado y excesivo de su desarrollo urbanístico reciente.

Una gigantesca laguna central, más o menos ovalada, de unos 12 km de longitud y 7 km de anchura, está rodeada por tres lados por altos acantilados de unos 300 metros de altura. Las pendientes de la isla descienden desde lo alto del acantilado hasta el circundante mar Egeo. En el cuarto lado, la laguna está separada del mar por una isla mucho más pequeña llamada Therasia; la laguna se une al mar por dos sitios, al noroeste y al sudoeste. Las aguas en el centro de la laguna tienen una profundidad de unos 400 metros, haciendo así posible la navegación de todo tipo de buques. Los puertos de la isla están todos en la laguna, y la capital, Fira, cuelga de lo alto del acantilado, sobre la ladera que desciende hasta la laguna.

Es el centro volcánico más activo del arco volcánico del sur del Egeo, si bien lo que hoy en día queda es realmente una caldera inundada. En la isla tuvo lugar una de las mayores erupciones volcánicas de la prehistoria reciente, la cual ocurrió hace aproximadamente 3500 años. Investigaciones recientes sitúan tal fecha en el año 1627 a. C. La erupción dejó una enorme caldera rodeada por depósitos de ceniza volcánica y, según algunas teorías, pudo haber causado indirectamente el colapso de la civilización Minoica de la isla de Creta, situada 110 km al sur, causando un gigantesco maremoto. Otra teoría sostiene que la erupción de Thera podría ser la inspiración principal de la leyenda de la Atlántida.

Su punto culminante es el Profitis Illas, de 550 m. Se trata de un pequeño volcán con una pequeña caldera.

Los barcos atracan por regla general a los pies de la ciudad de Firá, capital de la isla que comparte el mismo estílo arquitectónico que su vecina Ía, con infinidad de blancas casas, iglesias de cúpulas azules, tiendas donde venden la artesania local, repleta de galerias de arte, y bares, restaurantes y hoteles, desde donde podremos deleitarnos con la comida típica griega o tomar una bebida, mientras contemplamos un paisaje que nunca olvidaremos. 

El ascenso hasta la villa de Firá, cuando se llega en barco, se realiza por un encrespado camino que bordea la caldera y, por el cual solamente se tiene acceso a pie o a lomos de un burro, el verdadero peligro para los viandantes, ya que descienden a velocidades vertiginosas, y en muchos casos rozando la barandilla.

Otro opción, en la actualidad es llegar a la cima a través del funicular, pero yo recomiendo el descenso a pie, es una experiencia única.

La imagen de Santorini es Ía, pero sin lugar a dudas la imagen más conocida de Grecia, y que aparece en todas las publicaciones turísticas son las que podemos captar en estas dos ciudades. Sus construcciones son una mezcla de las kapetanea, que en la época veneciana eran las viviendas típicas de los capitanes, mientras que las casas que habitaban el resto de la población estaban excavadas en las ladera.

Caminando por sus calles nos encontraremos infinidad de imágenes que querremos captar con nuestros ojos y, con nuestra cámaras, blancas iglesias de cúpulas azules, callejuelas empinadas y si el horario de partida del barco os lo permite, su puesta de sol.

HERAKLION


Iraklion o Heraklion es la capital de Creta, la tercera ciudad de Grecia, con algo más de 100.000 habitantes. Es una ciudad turística y moderna, con uno de los puertos más importantes del país.

A tan solo unos dos kilometros de la ciudad encontraremos excelentes playas, es una escala que recomiendo alquilar un coche para poder disfrutar de la belleza del mar y de la playas visitando Matala o Karteru Amnissos. 


A escasos kilómetros del puerto encontraremos Knossos, el laberíntico palacio minoico más importante, con sus maravillosas pinturas murales, baños, columnatas y la Villa de Ariadna. Nos harán revivir los mitos de Ariadna, Teseo y el Minotauro. Más al sur, a 15 Kms., está Arcanes con otro palacio, y aún más al sur, en Vacipetro otro más. En Myrtia visitar el museo del famoso escritor griego Casantsakis. Destacan por la zona los pueblos de Arcalojori y su gruta minoica, Vianos y sus bellas iglesias, Amnisos con otra importante gruta minoica, Niru Jani y su mégaron y Gournes con recientes descubrimientos de tumbas. 

Querroseno, con restos de arquitectura clásica y romana. Malia, un bellísimo pueblo costero cercano a otro antiguo palacio real. En Kerá Pediadas, uno de los más interesantes monasterios, el de la Santísima Virgen. En Fodele nació el Greco y posee importantes iglesias bizantinas. En Tiliso encontramos importantes villas minoicas, de ahí al tradicional pueblecito Anóyia y de ahí a la Cueva del Ida. En Asistes uno de los monasterios más antiguos, el de san Jorge Gorgolianis. En la llanura de Mesará, destaca Gortina y sus famosas ruinas helenísticas y romanas, su Basílica y el Laberinto. A 10 Kms. del pueblo de Mires esta el importante recinto arqueológico de Festo y el de Agia Triada. 

Si solo queremos conocer Heraklion nuestra recomendación será la catedral de San Menas (s. XIX), la fuente de Morosini frente a la Basílica de San Marcos, la iglesia de San Tito, el Ayuntamiento, la Logia, el museo histórico y etnográfico y pasear por las murallas venecianas y su castillo en perfecto estado. 

ALEJANDRÍA


Más allá de El Cairo, se expande el delta del Nilo, como una vasta corola surcada de canales y de brazos. La llanura fértil, con toneladas de aluviones depositados por el río, se cultiva con tanto esmero que parece un inmenso jardín hortícola. Algodón, arroz, frutas, verduras y flores constituyen la riqueza de esta región. En el límite del desierto se desarrollan los extensos cultivos de tierras robadas a la arena.

Aquí se erigía, en los tiempos gloriosos de los faraones, un pequeño pueblo de pescadores, Rakotis. Cuando Alejandro Magno desembarcó en Egipto, quiso hacer de ésta su capital y marcar la costa egipcia con su indeleble huella. Así nació Alejandría, cuyo faro, el primero que se construyó en el mundo, ya hace varios siglos que ilumina el Mediterráneo. 

Capital de las artes y las letras, ciudad favorita de reyes y reinas, sabios y eruditos, albergó en su seno una de las pasiones amorosas más famosas de todos los tiempos: la de Cleopatra y Marco Antonio.

Después de la conquista árabe, y mientras perdía su carácter de capital en favor de El Cairo, Alejandría guardó su especificidad de ciudad más abierta al Mediterráneo que a Egipto. Llena de comunidades como la griega, judía o armenia, y favorita de los extranjeros, parece poner mala cara al interior del país.

Aunque hoy en día quedan pocos descendientes de aquellas comunidades, la ciudad conserva de aquel período de su historia un ambiente particular.

El paseo por la cornisa es ineludible. Sin duda, los nostálgicos de la ciudad cosmopolita descrita por Lawrence Durrell se decepcionarán. Desaparecida ya la elegancia que camina, sombrilla en mano y desvanecidos los bellos automóviles extranjeros. Los edificios que la bordean, a pesar de su encanto anticuado, resisten mal el aire del mar que los corroe. No olvide que Alejandría es el lugar de veraneo preferido de los cairotas.

A lo largo del arco de la cornisa, se pasean familias o enamorados, mientras que saborean un helado. Se pueden admirar las cestas de pescado y de crustáceos recién extraídos del mar, y contemplar a los viejos, zurcir las redes mientras sueñan con Marsella, «ahí donde los peces salen solos del agua». En resumen, se puede disfrutar de la vida.

Los cafés de Alejandría
Salas inmensas con pinturas antiguas y grandes espejos diseminados, amplias terrazas frente al mar, los cafés de Alejandría son clásicos del género, casi la marca de fábrica de la ciudad mediterránea. Los viejos alejandrinos, los que le asegurarán ser los «verdaderos», puesto que su familia está instalada ahí desde Alejandro Magno (como mínimo), pasan horas, cigarrillo en la comisura de los labios, mirando el mar, indiferentes al barullo. Cuando el viento es demasiado fuerte, se meten en el interior y se enfrascan en interminables partidas de dominó, o se sumergen durante horas en la lectura del periódico. Mientras tanto, sus mujeres van a degustar pasteles de crema y té en las pastelerías de la plaza Saad Zaglul. Como para creer que los ingleses nunca abandonaron Alejandría…

El fuerte de Qaitbay
En el extremo norte de la bahía del este se erigen las murallas almenadas de esta fortaleza mameluca, construida en 1480 en el lugar del faro de Alejandría, destruido como consecuencia de dos temblores de tierra, en los siglos XI y XIV. Guardián de la rada, el fuerte enjuga estoicamente, desde hace siglos, las cóleras del mar Blanco, nombre en árabe del Mediterráneo.

El palacio de Ras el-Tin
Al oeste de la fortaleza, Faruq vivió una de las páginas más importantes de la historia de Egipto contemporáneo, la firma de su abdicación con la que puso fin a la realeza. En las playas cercanas se extienden pequeños astilleros artesanales, donde los obreros construyen, con muy poca maquinaria, barcos de lujo de madera destinados a los ricos emires del golfo.

El barrio de Anfuchi
Entre el fuerte y el palacio, se hallaba antaño el barrio de los marineros, famoso especialmente por sus casas cercadas, hoy día cerradas. No obstante, al pasear por las callejuelas populares, el visitante hallará agradables cafés decorados con azulejos, y extraordinarios restaurantes de pescado donde uno mismo escoge lo que degustará.

El teatro romano (Km el Dikka)
En este espacio, situado cerca de la estación central, se ha estado excavando desde principios de los años 1960. Las sucesivas excavaciones han sacado a la luz diferentes monumentos públicos, situados en el centro del casco antiguo, como un teatro, unos baños públicos, cisternas y un barrio residencial. A la entrada del lugar se exponen unas estatuas rescatadas del mar, junto al Fuerte de Qaitbay, por el equipo de arqueólogos del francés Jean-Yves Empereur. 
En 2002 comenzó la construcción de un nuevo museo, dedicado a los mosaicos.

La columna de Pompeyo y las catacumbas de Kom el-Shuqafa
De 30 metros del altura construida, en granito rosa de Asuán, la columna de Pompeyo sería el regalo de la población de Alejandría al emperador Diocleciano que, ante una rebelión, renunció a destruir la ciudad y a masacrar a sus habitantes. Los vestigios hallados alrededor de la columna se exponen, en su mayoría, en el Museo Grecorromano.

En la cima de la colina se halla la entrada de las catacumbas de Kom el-Shuqafa, que datan de los siglos I y II d. C. Fueron descubiertas en el linde del siglo XX por casualidad, cuando el suelo se hundió bajo el peso de un asno. El desgraciado cayó más de diez metros. La historia no cuenta si el animal sobrevivió; en cualquier caso permitió descubrir más de 300 tumbas, dispuestas a lo largo de una red articulada alrededor de una gran rotonda.

Alejandría, la Biblioteca Alejandrina
La biblioteca de Alejandría fue inaugurada en octubre del 2002. Los arquitectos han diseñado un inmenso cilindro de vidrio y aluminio de 160 metros de largo, cortado en bisel y orientado hacia el mar. En su interior, un centenar de esbeltas columnas de hormigón con capiteles en forma de flor de loto sobre los que se sostiene la bóveda, dominan el salón de lectura de 7.000 m2. En el edificio se encuentran también una geoda que sirve como salón de conferencias, un planetario equipado con un domo Imax y un museo arqueológico. En el sótano se conservan cerca de 8.000 manuscritos antiguos y libros raros estudiados y digitalizados, lo que facilita su consultación en el salón de lectura. 

El centro de estudios alejandrinos
Creado en 1990, su objetivo es diseñar el rostro y la topografía de la capital de los tolomeos, de Alejandro (332 a.C.) a Cleopatra (30 a.C.). El descubrimiento más mediatizado es el de los restos del faro de Alejandría. La aventura hubiera merecido quedar en el terreno de los sueños. En 1993, una gran capa de hormigón debía verterse al pie del fuerte de Qaitbay, en el extremo oeste de la rada, para consolidarla. El centro de estudios alejandrinos realizó entonces una verdadera carrera contrarreloj y sacó de las aguas del Mediterráneo un busto de mujer de granito rojo. Es la primera pieza que se salvó de las aguas. Seguirían muchas otras: miles de columnas, capiteles, fragmentos de un obelisco de la época de Seti I, 14 esfinges y estatuas colosales. En otras partes de Alejandría, el centro ha desenterrado una necrópolis y algunos magníficos mosaicos. Poco a poco, el diseño de la Ciudad de Cleopatra surge del subsuelo.

El descubrimiento del faro de Alejandría
Desde 1990, un equipo de investigadores franceses y egipcios, dirigido por el helenista Jean-Yves Empereur, excavan la ciudad de Alejandro Magno. Su descubrimiento más mediatizado –discutido por algunos– fue el de los restos del faro de Alejandría, que desde hace siglos yacía 8 metros por debajo del agua, cerca del fuerte de Qaitbay. Además de los bloques procedentes de la séptima maravilla del mundo, los arqueólogos-submarinistas descubrieron, con sorpresa, una verdadera «descarga» de antigüedades, anteriores a los tolomeos. Fragmentos de un obelisco de Seti I, 14 esfinges, estatuas. Se contaron más de 2.000 bloques que yacían sobre más de 2 hectáreas. Algunas piezas ya han sido descombradas y sacadas del agua. Pero el equipo tiene para años de trabajo.

Playas de Alejandría
Las playas de Alejandría tienen una popularidad muy bien merecida. Empezando por el bello paseo marítimo, en la propia ciudad, sus magníficas playas se extienden a lo largo de más de 140 km al este y al oeste de la ciudad. En verano, los cairotas acuden en masa a Alejandría para disfrutar de sus playas de arena fina. Para escapar de la multitud es preferible dirigirse a las playas más alejadas de la ciudad. Las playas de Montazah se encuentran al pie del Palacio del Jedive Abbas, con su impresionante arquitectura de cuento de hadas. El parque que rodea al palacio, de más de 150 hectáreas, es uno de los lugares favoritos de los alejandrinos para pasear.

Museo de Arqueología submarina de Alejandría
Este gigantesco museo anfibio, cuya apertura al público está prevista para 2012 ó 2013, sacará a la luz los importantes descubrimientos arqueológicos de la bahía de Alejandría durante los dos últimos decenios.

EL CAIRO

La capital de Egipto está situada al límite del desierto en el lugar donde el valle del Nilo se abre en un llano y fértil delta.
El Cairo, en árabe “Al-Qahira” en memoria del planeta Marte, es la ciudad más importante de África y del mundo islámico (aproximadamente 12 millones de habitantes). Metrópoli económica y política de gran importancia.

Es una caótica ciudad, donde la circulación es “libre”, cada uno va por donde quiere, y lo único que hace es tocar el claxon. Hay que tomar especial atención al cruzar las calles, y los pasos peatonales, que sólo sirven de mero “adorno”.
En el centro de la ciudad se encuentra el Museo Egipcio, construido en 1.900, uno de los más importantes del mundo, y que reúne 50 siglos de historia faraónica distribuida en 106 salas. El museo alberga una enorme colección de tesoros; estatuas, sarcófagos y antiguos objetos, momias, etc... Destaca el fabuloso tesoro de Tutankhamon, rescatado intacto de su tumba en el Valle de los Reyes en 1922, y que contiene la famosa máscara del faraón, uno de los objetos más extraordinarios del mundo. (Este museo a partir de 2011 limitará el número de visitantes para evitar el deterioro que está padeciendo, por el elevado número de visitas).

El Museo Copto es la pieza maestra del Cairo antiguo, y el más rico en su género, con una colección de objetos que datan de la primera era cristiana.

El Cairo ha conservado una rica tradición de arte islámico. Los Califas Fatimid dedicaron entonces un gran esfuerzo al embellecimiento de su capital para que pudiera competir con el esplendor de Bagdad. Más de 25º mezquitas todavía visibles hoy en día reflejan la gloria de su empresa.
Les siguieron los sultanes Mamelucos y, durante los siglos XIII y XIV, dieron a la ciudad su herencia de espectaculares reliquias artísticas de mausoleos, así como mezquitas. La Mezquita del Sultán Hassan, uno de los Sultanes Bahri Mamelucos, es considerada normalmente como la bella pieza de arquitectura islámica en El Cairo. La más espectacular es la de Mohamed Alí, iniciada en 1824 y completada por su hijo Said en 1857. Construida en el lugar de uno de los palacios de la ciudadela de Saladino, esta espectacular mezquita domina el cielo de El Cairo. La Ciudadela iniciada en 1776 pero no completada hasta los años 1820, es una vasta área de palacios, mezquitas y fortificaciones contruidas justo debajo de la cresta de las colinas de Mokkatan. Desde sus muros se puede disfrutar de una espléndida vista panorámica de toda la ciudad y, sus alrededores, incluyendo las Pirámides de Giza en el lejano horizonte.

Khan el Khalili es uno de los más famosos bazares de artesanía, cuya historia se remonta a finales del siglo XIV. En sus tiendas venden de todo, desde valiosas joyas hasta baratijas de poco precio. Los patios, callejones y galerías hacen que se respire una atmósfera verdaderamente oriental.
Merece la pena adentrarse en El Cairo antiguo, el viejo barrio cristiano con sus estrechas callejuelas, donde abundan iglesias de diferentes creencias.
La Iglesia de Abu Serga (San Sergio), del siglo V, está construida sobre una cripta, donde, según la tradición, descanso la Sagrada Familia en su huida a Egipto. A pocos pasos se halla la Iglesia de Santa Bárbara, así como la sinagoga más antigua de Egipto, Ben-Ezra, que conserva antiguos libros.

Debido a su posición geográfica, El Cairo ha sido conocido a través de los siglos como la encrucijada del mundo. Muy cerca de la ciudad se encuentran algunas de las más excitantes atracciones turísticas del mundo.
En Giza, situado al límite de la ciudad, se halla una de las Siete Maravillas del Mundo, las majestuosas pirámides de Keops, Kefren y Mikerinos. La más grande de las tres, la de Keops, tiene una altura de 137 metros y está formada por 2,3 millones de bloques de piedra, con un peso total de unos 6 millones de toneladas, y para cuya construcción se dice trabajaron 100.000 hombres durante treinta años. En el interior se puede visitar la cámara del Rey.
La Pirámide de Kefren es sólo un poco más baja, mientras que la de Mikerinos es la más pequeña de las tres conjuntamente con construcciones menores. La plataforma de Giza forma una inmensa necrópolis. En las cercanías se encuentra la intemporal Esfinge, a cuyos pies se detuvieron Alejandro, César y Cleopatra, Napoleón y otros muchos millones de personas para admirar asombrados su imponente presencia, cuya cara, cada día al amanecer, recoge los primeros rayos del sol como lo ha hecho por más de cincuenta siglos. Aquí en Giza puede asistirse cada atardecer a la inolvidable representación de la Historia de Egipto en el espectáculo de Luz y Sonido.

CORFÚ


Una isla plagada de literatura, eso es Corfú, la Kérkira griega, la Córcira de la mitología clásica. Quise llegar a ella exactamente como recomienda Lawrence Durrell en su libro The Greek Islands, en barco. Los hermanos Durrell vivieron allí cinco años, junto con su madre, pero las experiencias vitales (y muy divertidas) las narró el hermano pequeño, Gerald, en una famosa trilogía, donde sostiene que su hermano mayor, el autor de El cuarteto de Alejandría, era un estirado y un pedante incapaz de reírse de las cosas. Tal vez por eso Lawrence se pone serio cuando sugiere que la llegada a Corfú se realice en uno de los transbordadores que parten del estrecho puerto italiano de Brindisi. Así lo hice, en uno de los ferrys nocturnos, porque quería ver el amanecer al llegar a la rada de la capital de Corfú. El ruido infernal del puerto italiano no evitó que me abstrajera en la luz nocturna, y, al igual que Durrell, recordara que allí en Brindisi murió Virgilio -inolvidable la novela excepcional de Hermann Broch sobre su muerte- "en una cálida noche de septiembre, cuando regresaba precisamente de Grecia". ¿Procedería de Córcira? Tal vez.

Calles de Corfú
El amanecer en Corfú va penetrando lentamente, y el Adriático, con sus aguas "ligeras, de azul acero" (según las define H. Broch), ilumina una costa abrupta, llena de rocas con grutas, salpicada de altos cipreses. En la borda de estribor, no muy lejos, apenas dos kilómetros de canal, la línea gris de la costa albanesa como un horizonte extraño.

El gran viajero sefardí Benjamín de Tudela estuvo en Corfú en 1160, en el curso de uno de sus viajes. Nacido en Tudela de Navarra en 1130 y muerto en su ciudad natal en 1173, viajó y escribió entre 1159 y 1172, y de resultas de sus experiencias conformó un libro de viajes, el Sefer Maasaot. Erudito y conocedor de lenguas, se detuvo en Corfú para describir las gracias y desgracias de la incipiente comunidad judía de la isla. Los sefardíes de la isla, hoy apenas existentes en número de un par de centenares, sobrevivieron a todos los avatares de la historia de Corfú menos al nazismo. De los 2.000 judíos que había en 1940, 1.800 fueron exterminados en Auschwitz. Unos años antes, en 1895, en el seno de la comunidad sefardí, nació el gran escritor Albert Cohen, autor de Bella del Señor y de Solal. Aunque en 1900 la familia se instaló en Marsella, los recuerdos de su primera infancia, unidos a los de sus 13 años (pues regresó a la isla en 1908 para su bar-mitzvá, pasando los 15 días más importantes de su vida, como escribe en sus Carnets), fijaron mental y físicamente el marco de casi todas sus novelas. Pero la comunidad judía de la isla, formada por comerciantes, no se vio libre de los pogromos que asolaban a los judíos hacia el fin del siglo XIX. Cohen trae a la memoria, como los describe en su novela Comeclavos, uno importante, y por supuesto arbitrario e injusto, habido en 1891, un poco antes de nacer él.

Curiosamente ese mismo año, muy ajena a la suerte, la mala suerte, que corrieran los judíos de la isla, la emperatriz Isabel de Austria, la edulcorada Sissi, acabó el Aquileión, su palacio veraniego situado en Gasturi, en la costa este, a 20 kilómetros al sur de la capital. El palacio y sus jardines casan mal con el agreste paisaje de la zona (al pedante de los Durrell le parecía monstruosa, y con razón), aunque las vistas son extraordinarias. Sissi -¡cómo quitarse de la cabeza a Rommy Schneider!- lo erigió en homenaje a su mito clásico favorito, Aquiles, el colérico héroe de Troya.

Y de Troya procederá una de las grandezas inmortales de Corfú, ya que en las siete islas Jónicas, de las que Corfú es la más norteña de todas, se halla la patria de Ulises, Ítaca, y fue a su largo regreso de las guerras troyanas cuando arribó -náufrago desmayado y perdido- a las costas de Córcira (Corfú), isla desconocida por Ulises, que entonces era el reino de Nausícaa, hija de Alcinoo, rey de los feacios, quien lo encontró en Ermones, donde jugaba a la pelota, y se enamoró de él. Ermones y su entorno, en la mitad de la costa oeste, gozan de espléndidas playas, como esa en la que apareció Ulises, o como la de Myrtiotissa, celebrada por Durrell, que aventura a situar en esa zona la cueva de Próspero de La tempestad, de Shakespeare, quien escribió la obra sin haber puesto los pies en la isla.

La ciudad vieja de Corfú capital es un lugar maravilloso para pasear y perderse por los vericuetos de la historia. Eso hizo el escritor francés Valéry Larbaud, que llevó un diario de su viaje (D'Annecy à Corfou, 1931-1932). El paseo marítimo, las arcadas del Listón donde los cafés imitan a la Rue Rivoli de París, lugar en el que tanto Larbaud como Durrell y otros viajeros convienen en que están los camareros, los farmacéuticos y los peluqueros "más amables del mundo", algo que hoy día puede seguir diciéndose. En esos paseos hacia La Plateia, la vieja zona militar que se extiende entre la ciudad y la antigua ciudadela, es perceptible, como en toda la isla, la luz de Corfú. Intensa e indescriptible, según Hugo von Hofmannsthal. Para él es un país seco y dramático, de norte, aunque la isla tiene el verde apagado propio del paisaje griego debido a la luz metálica y velada de las Jónicas.

En la Explanada, donde todavía hoy hay un campo de críquet en uso, Larbaud repara en la estatua al conde de Schulenburg, un tipo curioso en verdad, ya que era un oficial de fortuna, especie de mercenario sin escrúpulos, que se vio pasar a la historia como héroe al defender la ciudad asediada por los turcos en 1716. Esa estatua le fue erigida en vida por los venecianos, a cuya República pertenecía Corfú desde finales del siglo XIV. La historia de la isla es especialmente cosmopolita, carácter que se conserva con cierta decadente altivez. Colonia griega, y luego romana, las Jónicas, y en concreto Corfú, fueron napolitanas desde mediados del siglo XIII, pasando a la República Serenísima en 1386. Después de la caída de Venecia, en 1797, las islas quedan bajo dominio de Francia, pero enseguida se apoderan de ellas los turcos, en 1799. En 1802, por la Paz de Amiens, pasan a ser protectorado ruso, mas en 1807 vuelven a ser francesas. En 1815, con las derrotas napoleónicas, Corfú está bajo protectorado inglés, en una época de esplendor de la isla. Gran Bretaña permitió la anexión a la corona helénica de Jorge I en 1864. Volvían a ser griegas.


Santos y monstruos mitológicos

Larbaud, siguiendo los rastros literarios de la historia corfuense, visitó la Biblioteca de la Sociedad de Lectores, de 1836, la institución cultural más antigua de la Grecia moderna, y, generoso como siempre fue con las literaturas ajenas, descubrió a algunos escritores griegos de Corfú, el más famoso de los cuales es Denys Solomos, conde veneciano de familia cretense, autor del Himno a la libertad (1824), o a Lorenzo Mavilis, muerto en la batalla de Driskos, en 1913, y con estatua en La Plateia, un busto de mármol blanco sobre un zócalo de granito gris.

Recorre Larbaud la calle comercial de Agios Spyridon, donde está la iglesia del XVI en la que se conserva, dentro de un sarcófago de plata, la momia huesuda del santo más famoso de Grecia, san Espiridión, mártir de Diocleciano y santo protector del mundo bizantino. Una iglesia de alto campanario coronado con una singular cúpula roja. Edward Lear, el barbado creador de los limericks y escritor errante por el Mediterráneo, estuvo varias veces en la isla entre 1856 y 1863, y escribió un Epistolario de Corfú. No dejó ni un día, de cuantos estuvo allí, de visitar la momia de este san Espiridión. Como tampoco dejó de hacerlo Larbaud, pero de la fascinante (por horripilante) Gorgona Medusa que existe en el Museo Arqueológico de Corfú y que es una de las figuras del horror y el miedo más significativas del mundo helénico. Su poderosa imagen era lo que recordaba yo cuando, en el puerto de Lefkímmi, al sur de la isla, me disponía a tomar el ferry que me llevaría a El Pireo, en Atenas, despidiéndome de esta Corfú, isla de la hermosa Nausícaa. Salir de allí era cerrar un libro.